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Subida del Señor a los Cielos

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Subida del Señor a los Cielos

Texto del Evangelio (Mk 16:15-20)

15 Y les dijo: «Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación. 16 El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. 17 Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, 18 tomarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien»

19 Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.

20 Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban*. (Mk 16:15-20)[1]

Comentario:

 El pasaje que comentamos (Mk 16:15-20) contiene dos breves relatos: 1) el mandato misionero a los once; 2) la ascensión.

1) la aparición y mandato misionero a los once;

Jesús comienza en el v15 con el envío a misionar a todo el mundo. El mensaje que el Señor quiere dar es el de la Buena Noticia que él vino a traer con su palabra y con su ejemplo. El centro de ese anuncio son: el Mandamiento del amor que meditamos el Domingo pasado: “Amaos los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 15: 9-17) y el de las Bienaventuranzas (Mt 5:1-11); (Lk 6:20-22), los cuales constituyen el corazón del Nuevo Testamento.

Al ser estos dos mensajes algo que todo hombre desea tener en el fondo de su corazón para ser feliz fundado en el amor, Jesús quiere que sea proclamado en todo el mundo, no solo de palabra sino también a través de las obras de amor y de entrega personal:

La Iglesia y los cristianos recibimos la misión de Jesús. Somos enviados a proclamar la buena noticia, no a crear dudas o presagiar castigos. Todos los signos que acompañan a los que creen tienen una dimensión positiva para esta vida. Y es que anunciar el evangelio tiene que ver con la liberación integral de las personas y el mundo. La buena nueva no es un mensaje al margen de la realidad que vivimos. No podía ser de otra forma cuando quien nos envía a anunciarla es quien luchó hasta el fin y dio su vida en pro del pueblo pobre y marginado.[2]

El domingo pasado decíamos que el mandamiento nuevo incluye el amor que Jesús nos viene a traer. Ahora, ese amor viene con la gracia que Dios deposita en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Para recibir la gracia de Dios y consecuentemente su amor, debemos creer en Jesús. Por eso el Señor en el v16 nos invita a tener fe, que es condición para recibir las gracias que nos vienen por el Bautismo. Las dones del Bautismo nos limpian de nuestras faltas, nos dan la fuerza para huir del error, el amor cristiano que nos ayuda a que nos queramos mutuamente como Jesús nos quiso y el vivir junto al Padre eternamente. Es por eso que Jesús dice: “el que crea y sea bautizado, se salvará” Pero el Señor nos enseña también que pierde todas estas gracias la persona que reniega de su fe, por eso dice: “el que no crea, se condenará.” Es por eso que este domingo debemos pedirle a Dios que aumente cada vez más nuestra fe para recibir la enorme cantidad de dones que el Señor quiere darnos.

Aparte de las gracias que nos vienen con el bautismo y que hemos enunciado anteriormente, también el Señor nos colma de muchas otras bendiciones. En el v17 enumera algunas:

1) “expulsarán demonios”: nos da el poder de alejar el mal de nuestras vidas. “Recordemos que el primer milagro (Mk 1:21-38) fue la expulsión de un demonio y que el tema estuvo presente en todo el evangelio. Este poder es el mismo que los apóstoles recibieron al ser enviados por primera vez (cf. Mt 10;1).”[3]

2) “hablarán en lenguas nuevas”: nos da la habilidad de hablar con un idioma fundado en la Nueva Noticia que nos infunde el Espíritu Santo dentro de nuestras almas. “Recordamos inmediatamente el milagro de Pentecostés (Acts 2:5-13 y 1 Cor 12 y 14). El don de lenguas parece haber sido un carisma frecuente en la comunidad primitivay hasta el siglo II, fecha en que desaparece seguramente bajo la influencia de Montano”[4]. En estos últimos tiempos ha resurgido de nuevo en algunas comunidades.

3) “tomarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño”: no solo nos da el poder de alejar el mal sino de dominarlo de tal modo que no nos haga ningún daño. Este es el don de la inmunidad y “La noticia ha sido tomada de Lk 10:19…”[5]

4) “impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien”: el señor nos da el don de sanar por obra del Espíritu Santo a quienes padezcan una enfermedad. Este don “en Marcos aparece junto con la expulsión de espíritus inmundos, es el otro signo constante del Reino” (Mk 6:13) [6]

Estas gracias que el Señor nos da deben llenarnos de paz por el poder que tenemos sobre las cosas que nos perjudican. Nada ni nadie nos puede hacer daño porque el Señor es mi escudo y protector. Nos llena también de confianza porque a través de la fe, la oración y por obra del Espíritu Santo podemos ayudar a las personas, no solo espiritualmente sino también en sus dolencias físicas.

2) la ascensión

“La ascensión no es alejamiento o simple despedida, sino el comienzo de un nuevo modo de presencia del Señor. En el evangelio está vinculada al comienzo de la actividad evangelizadora universal de los discípulos. Ascensión y misión aparecen estrechamente unidas. El señor exaltado coopera activamente en la evangelización.”[7]

En el Mk 16:19, el Señor nos muestra el camino al Cielo, donde todos iremos si creemos en sus palabras y seguimos su ejemplo, y por eso asciende al cielo para esperarnos en la casa del Padre: “con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios.”

“La ascensión y la sesión a la derecha del Padre, tomadas del Sal 110,1, son la culminación del misterio pascual. Jesús, que padeció la Muerte, ahora vive resucitado con una vida que no tiene fin, y llega al lugar que había anunciado en las palabras sobre el Hijo del hombre: el Hijo está ahora en su gloria para siempre.”[8]

En el Mk 16:20, el evangelio nos muestra como los discípulos de Jesús, siendo obedientes al mandato del Señor, salen a anunciar la Buena Noticia a todo el mundo “ellos salieron a predicar por todas partes” con la ayuda y la fuerza que da Jesús “colaborando el Señor con ellos” dando frutos de conversión, sanación y santidad, tal como vemos en el libro de los hechos ” 37 Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles:

¿Qué hemos de hacer, hermanos?» 38 Pedro les contestó: «Conviértanse y que cada uno de ustedes se haga bautizar en el nombre de Jesucristo*, para perdón de sus pecados; y recibirán el don del Espíritu Santo; 39 pues la Promesa es para ustedes y para sus hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos llame* el Señor Dios nuestro». 40 Con otras muchas palabras les conjuraba y les exhortaba: «Pónganse a salvo de esta generación perversa». 41 Así pues, los que acogieron su palabra fueron bautizados. Y aquel día se les unieron unas tres mil personas (Acts 2:37-41)[9]

Que las palabras del Señor en el Evangelio de hoy nos llene de paz sabiendo que Dios es nuestro escudo contra el mal, de confianza porque el Señor quiere sanarnos física y espiritualmente y de amor porque Jesús nos ha salvado y quiere llevarnos al Cielo para vivir eternamente.

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“The Ascension” by John Singleton Copley, 1775

[1] Biblia de Jerusalén Latinoamericana. (2007). (Mr 16.15–20). Bilbao: Desclée de Brouwer.

[2] Florentino Ulibarri, Conocer, gustar y vivir la Palabra Sugerencias para orar con el Evangelio Ciclo B, EVD, 2006, 201.

[3] Briglia, Sergio, Comentario Bíblico Latinoamericano, Nuevo Testamento, Evangelio según San Juan, EVD, 2007, 470.

[4] Briglia, Sergio, Comentario Bíblico Latinoamericano, Nuevo Testamento, Evangelio según San Juan, EVD, 2007, 470.

[5] Briglia, Sergio, Comentario Bíblico Latinoamericano, Nuevo Testamento, Evangelio según San Juan, EVD, 2007, 470.

[6] Briglia, Sergio, Comentario Bíblico Latinoamericano, Nuevo Testamento, Evangelio según San Juan, EVD, 2007, 470.

[7] Florentino Ulibarri, Conocer, gustar y vivir la Palabra Sugerencias para orar con el Evangelio Ciclo B, EVD, 2006, 201.

[8]  Briglia, Sergio, Comentario Bíblico Latinoamericano, Nuevo Testamento, Evangelio según San Juan, EVD, 2007, 470.

[9] Biblia de Jerusalén Latinoamericana. (2007). (Hch 2.37–41). Bilbao: Desclée de Brouwer.

Fiesta de Nuestra Señora de Fátima

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13 de Mayo—Fiesta de Nuestra Señora de Fátima

En el año 1916, cuando la guerra se había extendido sobre Europa y Portugal, en una de las colinas que rodean Fátima, tres pequeños campesinos portugueses: Lucía de 9 años, Francisco de 8 y Jacinta de 6, se encontraron con una resplandeciente figura que les dijo: “Soy el Angel de la Paz”. Durante aquel año vieron dos veces la misma aparición. Los exhortó a ofrecer constantes “plegarias y sacrificios” y a aceptar con sumisión los sufrimientos que el Señor les envíe como un acto de reparación por los pecados con los que El es ofendido.

El 13 de mayo de 1917, se les apareció una “Señora toda de blanco, más brillante que el sol,” a quien Lucía preguntó de dónde venía; ella respondió: “Vengo del cielo.” Les pidió que regresaran al mismo lugar durante seis meses seguidos, los días trece.

El hambre, la sed, las burlas de los que no creían en las apariciones (incluyendo a la familia de Lucía), los ofrecían como la Señora lo había pedido, por la conversión de los pecadores.

El 13 de junio de ese año, mientras se celebraba a San Antonio, patrono de Fátima, Nuestra Señora se apareció nuevamente a los tres niños. Alrededor de 50 personas se encontraban con ellos en Cova. La Señora dijo que Jacinta y Francisco irían pronto al cielo, que Lucía permanecería para ayudar a establecer el culto al “Sagrado Corazón de María” El 13 de julio de 1917, se trató de impedir que Lucía asistiera a este encuentro que fue uno de los más extensos y en el cual los niños tuvieron una visión del infierno que les despertó un anhelo de oración y penitencia incontenibles. Además les fue prometido que en octubre se realizaría un milagro para demostrar la verdad de las apariciones. En agosto de ese mismo año, el anticlerical administrador de Ourem, con engaños alejó a los tres pastores de Fátima y logró impedir que asistieran a la cita del día trece.

El 13 de octubre de 1917 alrededor de 70,000 personas habían llegado al lugar para presenciar el milagro de Fátima. Ese día, el sol se podía mirar sin cerrar los ojos y como un prisma gigantesco, cubría el cielo con franjas de colores. Luego giró 3 veces y se precipitó en “zig zag” hacia la multitud. La gente quedó conmovida y convencida de la veracidad de las apariciones. Antes de que pasaran tres años, Jacinta y Francisco habían muerto ya. Lucía fue religiosa con las hermanas de Santa Dorotea desde 1925.

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Jesus, Nos Da un “Amor Nuevo”

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Texto de Evangelio (Jn 15:9-17)

Como el Padre me amó, yo también los he amado a ustedes; permanezcan en mi amor. 10 Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11 Les he dicho esto, para que mi gozo esté en ustedes, y su gozo sea colmado. 12 Este es el mandamiento mío: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. 14 Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. 15 No los llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se lo he dado a conocer. 16 No me han elegido ustedes a mí, sino que yo los he elegido a ustedes, y los he destinado para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca; de modo que todo lo que pidan al Padre en mi nombre se lo conceda. 17 Lo que les mando es que se amen los unos a los otros (Jn 15:9-17). [1]

Comentario

Después que Jesús nos enseña que debemos permanecer unidos a la vid, que es él, ahora nos dice cuál es la savia que alimenta y da vida a esa unión y es el “amor.”

Ya en el capítulo 13 (Jn 13) Jesús nos había dicho que siguiéramos su ejemplo mostrando que no solo tenemos que cumplir sus palabras sino que debemos seguir sus obras. Él dice: “Porque les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan como yo he hecho con ustedes.” (Jn 13: 13,15)[2]

En el v9 del capítulo 15 (Jn 15:9), nos da el ejemplo no solo de su amor hacia nosotros sino del amor del Padre hacia Él, que en definitiva es el mismo amor que une a la Santísima Trinidad y a Jesús con nosotros. En el mismo versículo nos dice que permanezcamos en su amor, haciendo referencia a mantener vivo al Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, y al fuego de su amor dentro de nuestras almas. Una vez más nos invita a permanecer en Él, pero esta vez nos dice que lo debemos hacer manteniendo su amor en nuestros corazones.

En el v10 (Jn 15:10), nos enseña el modo de mantener el amor en nuestras almas, que es cumpliendo sus mandamientos. Paralelamente se pone nuevamente como ejemplo haciendo referencia a que él ya la ha hecho “como yo he guardado los mandamientos de mi padre”. Y así siendo obediente al Padre es que permanece en su amor.

En el v11 (Jn 15:11), nos revela la razón o la consecuencia que produce esta gran enseñanza, que a la vez es experiencia del amor. El poseer este amor eterno produce un gran gozo. Y no solo causa una profunda satisfacción el experimentar este amor sino el compartirlo y que los demás también lo disfruten y lo comuniquen, ya que el amor es difusivo de sí. O sea que el que lo posee siente la necesidad de compartirlo. Por eso Jesús dice: “les he dicho esto para que mi gozo esté en ustedes.” La satisfacción que se siente es total y por eso el Señor continua diciendo: “y su gozo sea colmado”.

En el v12 (Jn 15:12), vuelve a enunciar el mandamiento nuevo que ya lo había dado en (Jn 13:34). La diferencia entre estas dos proclamaciones es que en Jn 13:34 nos “da” el mandamiento y en Jn 15:12, Jesus dice que es “su” mandamiento. Los dos versículos son totalmente compatibles ya que el Jn 13:34 muestra que el mandamiento nuevo del amor es un don que nos hace Jesús, y el de Jn 15:12 muestra que ese regalo que el Señor nos quiere hacer es completamente suyo. Ahora surge la pregunta de que si es un mandamiento, porqué Jesús lo menciona como un don y no como una exigencia que debemos cumplir. Porqué en vez de decir “os doy” diga “cumplan” este mandamiento. La respuesta surge primeramente del verbo usado “os doy” en griego “δίδωμι” “didomi” que se usa cuando se intenta dar un obsequio y segundo del análisis que podemos hacer y descifrar de lo que dice Jesús seguidamente en el v12 del capítulo 15 dice: “Que se amen los unos a los otros como yo los he amado” (Jn 15:12).

El único modo que amemos como Jesús nos ha amado es que él nos regale el don del amor eterno que posee. Y es por eso que el mandamiento nuevo es un don porque incluye  el obsequio “del amor” con el que tenemos que amarnos. Ese amor divino que Dios nos da a la vez que es eterno “con amor eterno te he amado” (Jn 31:3), es también un amor mutuo, o sea que nos mueve a compartirlo con el otro. Por eso el mandamiento nuevo incluye también la reciprocidad o correspondencia del amor: “que se amen los unos a los otros”.

El Cantar de los Cantares “que es fuerte el amor como la muerte” (So 8:6) el amor que nos regala Jesús se muestra en la entrega total por el bien del amigo, como él lo hizo por nosotros en la cruz, muriendo por nuestros pecados.

Como el fundamento de la amistad es el amor mutuo, si aceptamos el don del amor que nos da Jesús y lo amamos, él nos llama amigos. Es otro gran regalo que debemos agradecer el tener a Jesús como amigo. Así dice el Señor: “ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando” O sea si nos amamos los unos a los otros como Jesús nos ha amado somos amigos de Jesús.

En el v15 (Jn 15:15), Jesús nos enseña otra de las características que tiene la amistad y es el abrirse al otro con sinceridad revelando quienes somos y brindando lo mejor de nosotros para que el otro lo aproveche. Es por eso que Jesús no nos llama siervos sino amigos porque él nos abrió su corazón para revelarnos los misterios más profundos de la Sabiduría de Dios.

En el v16 (Jn 15:16), Jesús nos revela que la elección que ha hecho de nosotros fundada en su amor divino está destinada a dar frutos de santidad que perduren eternamente. El Señor quiere que el amor que compartimos con él dure para siempre, crezca en esta vida y lo gocemos eternamente junto a él en el Cielo. Es por eso que cualquier cosa que pidamos que nos ayude a crecer en el amor y a ser felices junto a Jesús, el Padre nos lo dará. El Señor nos alienta a rezar con mucha confianza porque seguro vamos a ser escuchados: “todo lo que pidan al Padre en mi nombre se lo conceda”

Para terminar el evangelio de hoy que narra el corazón de la Buena Nueva, que Jesús vino a anunciar, que es el mandamiento del amor, Jesús refuerza su deseo de que hagamos uso del regalo más precioso que vino a traernos que es su amor divino diciendo: “lo que les mando es que se amen los unos a los otros”

Seamos anunciadores con nuestras palabras y nuestras obras en el mundo de esta gran noticia de amor, consuelo, gozo y eternidad que tantas personas necesitan escuchar.

[1] Biblia de Jerusalén Latinoamericana. (2007). (Jn 15.9–17). Bilbao: Desclée de Brouwer.

[2] Biblia de Jerusalén Latinoamericana. (2007). (Jn 13:15). Bilbao: Desclée de Brouwer.

 

 

 

La Vid y los Sarmientos

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 La Vid y los Sarmientos

15 «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.Ustedes están ya limpios gracias a la palabra que les he dicho.Permanezcan en mí, como yo en ustedes. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco ustedes si no permanecen en mí.Yo soy la vid; ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no pueden hacer nada.Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.Si permanecen en mí, y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo conseguirán.La gloria de mi Padre está en que den mucho fruto, y sean mis discípulos (Jn. 15: 1-8)

 Comentario:

Estos versículos constituyen uno de los sermones de despedida del Señor antes de su pasión y muerte en la cruz. Por eso están llenos de misericordia y apuntan a que pase lo que pase la unión de los discípulos con él permanecerá. Es así que la permanencia, la santidad y el amor son esenciales a este discurso.

Un primer desarrollo de la imagen aplicada a Cristo como vid y al Padre como labrador con una invitación a permanecer (Jn 15:1-4); un segundo desarrollo con la idea de Cristo vid y los discípulos los sarmientos y poniendo de relieve la necesidad del permanecer (Jn 15:5-8); una especificación sobre el amor como forma de fructificación remontándose al amor del Padre y de Cristo (Jn 15:9-11); finalmente la reiteración del mandamiento nuevo (Jn 15:12-17). [2]

El gran monólogo comienza con una forma especial de expresarse. Ya algunas veces Jesús ha dicho frases ‘yo soy.’ Pero lo peculiar, esta vez, precisamente ahora cuando comunicativamente es tan necesario ‘permanecer’ en diálogo mutuo, es el hecho de que este  ‘Yo soy’ se complementa con ‘Mi Padre es’ y  ‘Vosotros sois’: ‘Yo soy la vid verdadera’ (Jn 15:1), ‘Yo soy la vid’  (Jn 15:5), ‘Mi Padre es el viñador’ (Jn 15:1) y  ‘Vosotros sois los sarmientos / las cepas’ (Jn 15:5). Se emplea un leguaje figurado que, con todo, mantiene unidos a los distintos miembros que entran en acción con sus evidentes papeles diferenciados, gracias a la simplicidad de la imagen y que, sobre todo, apela a una forma intensa de trabajo conjunto y vida en común.[3]

En esta metáfora de la vid y los sarmientos Jesús es la vid que alimenta y hace crecer a los sarmientos. Estos se unen al Señor a través de la fe y de la gracia. Esta última es precisamente la savia que da vida a los sarmientos. Es por eso que para que se mantengan vivos, los seguidores de Jesús deben estar unidos a la vid que es el mismo Señor. En el mismo v1 Jesús llama al Padre el viñador, y con este nombre quiere significar que él es el que ama y cuida que los sarmientos se mantengan unidos a la vid, o sea que los discípulos estén en Jesús y así toda la viña crezca en el amor y en santidad.

“La frase, entonces, se acomoda muy bien a lo que la metáfora de la vid ha evocado como ideas plásticas. La metáfora trata, pues, de la vid de Israel, de quien Dios se ha hecho responsable a través del premio y del castigo. Hay que pensar en el canto a la viña de Is 5, que se resiste a dar buenos frutos; o en las vides caídas, como se las describe en Ez 15,17 y 19,10-14: Israel, que es aniquilado, quemado, que está seco y se lo arranca; o a la grandiosa descripción en el Salmo 80, donde incluso se llama una vez a la viña «Hijo de Dios» (Sal 80:16). También esta frase «yo soy» verbaliza que Jesús es Israel en persona, aquí junto con sus discípulos y bajo la especial conducción de Dios mismo.”[4]

En el Jn 15:2, precisamente el Señor señala que el Padre quiere que su viña sea fructífera y es por eso que corta todo sarmiento que no da fruto, toda persona que no quiere crecer en la virtud y en el amor que Jesús nos dona no puede permanecer unida a él.

Ahora en el caso de los discípulos que sí dan frutos, que son fieles a la gracias y a los dones de Jesús haciéndolos abundar, el Padre los limpia de las pequeñas imperfecciones, fallas y egoísmos que pueden tener los actos de estas personas, para que los frutos que produzcan sean cada vez más perfectos porque responde o son fruto de una obra más purificada.

En el Jn 15:3, Jesús se dirige a quienes lo están escuchando en ese momento y a nosotros que lo leemos movidos por el Espíritu. Estas hermosas palabras del Señor nos llenan de confianza ya que si escuchamos su palabra con fe y dejamos que el Espíritu la haga vida dentro nuestro, esta nos limpia y purifica de nuestras falencias y debilidades. Así la Palabra del Señor se convierte en la luz de nuestros ojos que nos guía y el poder interno que purifica y da fuerza para hacer el bien.

Es por eso que en el Jn 15:4, Jesús da la conclusión lógica de lo que ha enseñado en los tres versículos anteriores y es que para que nuestros actos sean fructíferos, o sea para tener la fuerza de que nuestras obras estén llenas de amor y que nuestras almas queden purificadas de toda mala intención debemos permanecer juntos a Jesús. O sea los sarmientos deben estar siempre unidos a la vid.

En el Jn 15:5, el Señor enfatiza lo que había dicho al comenzar la metáfora de que él es la vid y nosotros los sarmientos, para remarcar la importancia de estar unidos a él debido a la necesidad que tenemos, por el hecho de ser débiles, de sus dones y poder para hacer hasta la mínima obra de amor perfectamente, y digo esto fundado en la contundente afirmación de Jesús: “porque separados de mí no pueden hacer nada”.

En el v6 el Señor señala la consecuencia que sufren las almas que no están unidas a él y por lo tanto no reciben sus dones, ellos no solo permanecen fuera lejos de Jesús sino que no pueden recibir la vida que da la vid y por lo tanto quedan vacíos de obras de caridad y por eso el señor dice “se seca”.  Y como no solo no producen buenas obras sino que sus actos son fallidos, son sarmientos condenados a la muerte. Así el Señor dice que son echadas al fuego y arden, ya que no tienen vida en sí mismas.

En el v7 Jesús nombra otro de los grandes frutos que nos da si permanecemos unidos a él y es la eficacia de nuestras oraciones. Pidamos lo que sea el Señor nos lo concederá. Otra vez el Señor llena nuestra alma de confianza sabiendo que nunca nada nos va a faltar.

Para terminar el evangelio de este domingo Jesús nos indica los dos modos como podemos dar gloria al padre. El primero es dando frutos en obras de bien y amor, y segundo permaneciendo unidos a él siendo sus discípulos.

Que después de escuchar estas palabras llenas de fuerza y confianza nuestras vidas se llenen de amor porque la gracia de Jesús está en nuestros corazones y de paz porque el Señor nunca nos abandonará dándonos todo lo necesario para ser felices.

[1] Biblia de Jerusalén Latinoamericana. (2007). (Jn 15.1–8). Bilbao: Desclée de Brouwer.

[2] Muñoz León, Domingo, Comentario Bíblico Latinoamericano, Nuevo Testamento, Evangelio según San Juan, EVD, 2007, 666

[3] Van Tilborg, Sjef, Comentario al Evangelio de Juan, EVD, 2012, 307.

[4] Van Tilborg, Sjef, Comentario al Evangelio de Juan, EVD, 2012, 308.

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